Sí, pero es no es un problema. Pensémoslo al revés. Pensemos en las novelas lineales, obvias, ganadoras del Premio Planeta, etc. Son mucho más autorreferenciales porque en realidad son mera publicidad del presente. Uno ve por la tele una publicidad, de la Coca Cola o de lo que sea, y más allá del producto en cuestión, lo que se está publicitando es el modo de vida del presente: qué lindo es vivir hoy. Y con las novelas convencionales pasa lo mismo. Uno siente: qué lindo que es leer esta novela en la que pasan cosas intrigantes, en la que hay detectives que van a investigar y citas cultas y tramas atractivas, y pensamientos profundos y paisajes encantadores. El lector termina de leerlas y sal con la idea de que él mismo se volvió más culto, más inteligente, y en realidad, vaya paradoja, son novelas profundamente antiintelectuales (…) porque el momento actual es profundamente antiintelectual, la clase dirigente se vanagloria de no leer, la literatura no le importa a nadie, ni a los presidentes ni a los ministros de cultura (…) El verdadero populismo son los medios de comunicación que te dicen: no leas.
(Quimera, enero 2008)